Lo que ‘El Mito’ nos regaló

Era abril de 1958, Elizeth Cardoso se puso delante del micrófono, él, “O Mito” (el mito, o la leyenda), se sentó en el antiguo estudio, rodeado de bulbos y carretes de cinta magnética, tomó la guitarra, y acompañó con los primeros acordes de Chega de Saudade. Recordó en ese momento lo que había aprendido de su maestro, Tom Jobim, jazzista, e intentando sintetizar el vaivén de la samba en el instrumento que tenía en sus manos, comenzó a contar en dos cuartos, uno-un, dos, tres- uno, como si quisiera que sus dedos bailaran tal cual los pies en los carnavales. Así nació la primera canción conocida bajo el distintivo Batida Do Bossa Nova (Latido del Ritmo Nuevo)

João Gilberto Prado Pereira de Oliveira, nació en Juazeiro el 10 de junio de 1931, creció en Río de Janeiro, en donde aprendió a tocar la guitarra de manera autodidacta. Como todo músico, pasó la juventud viendo cerrar las puertas de las oportunidades, pero con la ventaja de hablar un hermoso idioma. El portugués, se dice, es responsable del agradable fútbol que le tocó vivir en la época dorada de aquel deporte; se dice también, que es la lengua, su fluidez y velocidad, lo que inspiraron a los jugadores a mover la pelota más rápido que nadie, hasta que llegó la televisión y la magia acabó con la imagen, fue la radio el secreto en las canchas. En la música, ocurrió lo mismo con Gilberto, quien inspirado por la cadencia de la samba y el contoneo de la figura humana al bailarla, intentó por años, junto a su amigo y maestro, Antonio Carlos Jobim, crear una nueva expresión en la guitarra y el piano, respectivamente.

Saudade es un sentimiento entre la tristeza y la contemplación, que no llega a ser ni tristeza, ni melancolía, ni depresión. Es una actitud de contemplación tranquila que lleva a la inactividad, por eso, aunque no es la más representativa del Bossa Nova, Chega de Saudade, además de ser la primera, marca la tónica de aquellas canciones del género musical que, hablando de temas tristes, son alegres en su acompañamiento rítmico.

Ya en 1962, João Gilberto, recibe a sus amigos, Carlos Jobim y Vinicius de Moraes, quienes le platican una anécdota. En un estado de saudade, sentados en un café con vista a la playa de Ipanema, vieron pasar a una jovencita con una cadencia sin igual, aunque de una belleza no sobresaliente en ese paradisiaco lugar. La canción se llama “Menina que passa”. Gilberto se pone de inmediato a realizar las composiciones musicales.

El 19 de marzo de 1963, se publica el disco Getz/Gilberto, que contiene la pieza Garota de Ipanema, la más representativa del Bossa Nova, es una canción que elogia la belleza femenina, pero no desde el punto de vista de la figura, sino de la actitud, del pararse en el mundo y comunicar a los demás con solo el andar, aunque se la vea a lo lejos y de espaldas, que ella es inalcanzable, hermosa.

João Gilberto, quien murió el pasado 6 de julio de 2019, es gentil donador a la humanidad, a pesar de su declarada misantropía, de un ritmo sabroso y elegante, a la vez que cargado de esa esencia de pueblo y de romanticismo, mismos que suele tener el idioma portugués, lleno de cadencia y en definitiva, disfrutable en cualquier ocasión. No puede haber elogios suficientes a alguien que fue fundador de un ritmo tan importante para la música. Tan bellos acordes sonarán eternamente en donde haya necesidad de darse un lujo sonoro.

Por: César Uribe

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