El compromiso en la era ‘líquida’

Estamos muy atentos a las fronteras físicas: ríos, montañas y océanos nos separan. También delimitaciones legales: fronteras, pasaportes y visas delimitan por dónde podemos transitar. Pero, hay también fronteras de tiempo que indican que los caminos de vida son distintos de una década a otra, o de un suceso histórico a otro. El mundo que tuvieron nuestros padres y abuelos es definitivamente distinto al que tenemos o al que tendrán los más jóvenes.

En toda su obra, Zygmunt Bauman, sociólogo, explica que en estos tiempos no caminamos “sobre un suelo firme”, las reglas y las condiciones de vida sobre los que intentamos construir un futuro son pilares que son “líquidos”. Sobre todo en “Modernidad Líquida”, advierte que todas las creencias y demás premisas sobre las que basamos la vida actual, cambian de forma como lo hace el agua en un recipiente: adecuándose a las necesidades de lo que está de moda.

No tenemos una base firme. No hay estabilidad en el empleo, no hay estabilidad en un sistema de creencias porque ahora, todo se vale: <ser humano que caminas por ahí, antes atado a una religión, a la idea de defender una patria, atado a las costumbres heredadas, eres libre>, esa parece ser la consigna que además, muchos aceptan con gusto.

La libertad, hermoso fetiche y tabú de esta era, es palabra que hace que muchos acepten como deseable la precarización paulatina y casi imperceptible de las condiciones de vida. Laboralmente, la mayoría de la población milénica no tiene un empleo que le permita tener prestaciones y hacer antigüedad para tener una pensión, es un sueño lunático. En un entorno así, las personas se acostumbran a hacer tours de empleo en empleo, pasando por periodos casi equivalentes de desocupación.

Por otra parte, Byung Chul Han, pensador coreano, en “El aroma del tiempo”, detalla cómo este entorno de inestabilidad laboral general, provoca cambios en la percepción del tiempo que tiene el ser humano de hoy, cambios que son compartidos por la mayoría de las personas, lo que obliga a las demás, a adaptarse a las consecuencias en las costumbres de esos cambios personales internos.

Al no haber ya una defensa de una patria o una creencia en una religión (el Dios ha muerto, nietzscheano), el tiempo carece de teleología dice Chul Han, lo que quiere decir, que no vamos a ninguna parte. Otra de esas frases rimbombantes que usa Byung Chul Han, es la de que el tiempo carece también de teología; es decir, que al no tener a donde ir (la gloria de la victoria o la paz del territorio defendido, ya no tenemos un ideal de paraíso, y en menor medida, tampoco tenemos ya una idea clara sobre el progreso científico al que deseamos aspirar), el transcurrir del tiempo pierde todo sentido.

Los días pasan casi como una calca del anterior, o al menos, eso sentimos, es en resumen lo que dice Byul Chul Han, corrigiéndonos sobre nuestra repetida frase de “los tiempos van muy rápido”. Él dice, no es que los tiempos vayan rápido, sino que han dejado de ser lineales: ya no vamos, como nuestros antecesores, de un punto A, a un punto B en nuestras vidas. Nuestra percepción del tiempo es atómica, <Un cúmulo de pequeñas experiencias que no se conectan entre sí>

A este respecto, Baumam puede darnos un norte en su “Amor Líquido”. Dos seres intentan crear un proyecto conjunto de vida en un terreno poco firme, es más, líquido, además de que su percepción del tiempo carece de sentido y de un horizonte al cuál caminar. En estas circunstancias, los vínculos que pueden fomentar son frágiles.

Los invitamos a hacer una reflexión al respecto y pensar más allá de una solución rápida o definitiva.

Por: Anuar Ricardo y César Uribe

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