¿Dónde se esconde el arcoíris?

Si el arcoíris es de colores… ¿por qué la vida no lo puede ser también?

Desde 1970, cada 28 de junio la comunidad LGBT celebra el Día Internacional del Orgullo Gay, esto en conmemoración a los disturbios ocurrido en 1969 en Stonewall (Nueva York, EE. UU.), que marcaron el inicio del movimiento de liberación homosexual.

Desde entonces, este día se llevan a cabo una serie de acciones donde homosexuales, bisexuales, transgénero y todas las personas que pertenecen a este grupo social, llenan de colores las calles, las redes sociales y el día, como una exigencia de igualdad e inclusión social.

Dicho de otra forma, esta celebración se convierte en una solicitud de tolerancia y respeto, ¿por qué?

Pues porque, aunque parezca increíble, en pleno siglo XXI todavía existen conceptos que los seres humanos no somos capaces de discernir: diversidad, amor, dignidad, cortesía, empatía, por mencionar algunos.

Quizá sea una especie de ‘miedo a lo desconocido’, quizá la falta de información o tal vez la poca sensibilidad que presentamos ante determinadas situaciones y la poca curiosidad que nos provoca el descubrir distintas formas de pensar, de hacer… de amar.

Entonces bien, si entendemos como diversidad la gama de diferencias que existen entre determinados elementos que pertenecen a la misma categoría, ¿por qué nos resulta difícil comprender que todos los seres humanos somos entes individuales con sentimientos e ideales propios?

Me queda claro que este es un concepto que algunas veces se entiende a conveniencia; diversidad natural, cultural, biológica, numérica, musical, etcétera.

Si hasta en los colores existen ‘diversas’ tonalidades, que alguien me diga, ¿dónde se esconde el arcoíris?

Ser homosexual no es lo mismo que ser un objeto que debe guardarse en el clóset; las preferencias sexuales no definen la calidad de ser humano de nadie.

Por: Elizabeth Sánchez

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