“Ayer maravilla fui”: un ejercicio de libertad

Una ficción de gama alta que busca generar una reflexión sobre si es posible enamorarse de la esencia de las personas.

Cuando te enfrentas a películas como “Ayer maravilla fui”, agradeces las horas de teoría del cine en la universidad donde te hablaban de Tarkovski, Godard, Flaherty, etc. En mi caso, si algo aprendí de Antonio del Rivero, fue el gran valor que adquiere un filme cuando la parte técnica se acompaña de un gran poder conceptual.
Gabriel Mariño se encargó de construir una ficción de gama alta, en la cual el espectador podrá reflexionar sobre la esencia del amor mientras atestigua el valor conceptual de la imagen en blanco y negro cuando se busca hacer referencia al espacio onírico.

La cinta del mexicano, exalumno del Centro de Capacitación Cinematográfica, es entre otras muchas cosas, un ejercicio de libertad cinematográfica. Al igual que Jean – Luc Godard, se aventuró a dirigir su película sin la necesidad de un guión en el sentido estricto de la palabra, ya que evidentemente existía una estructura “informal” de la idea que quería transmitir.

Mientras veía la película no dejaba de pensarla como un ejercicio escolar de excelencia. De esos que convierten al creador en un genio ante la percepción de los demás. Y no lo digo en ningún sentido peyorativo, al contrario, esta cinta es LA CINTA donde cualquier estudiante toma aire para inspirarse.

Pensaba en cuantas cosas se pueden desarrollar cuando se tiene creatividad, entrega, dedicación y esfuerzo, ya que las ficciones de hoy en día necesitan gastar cientos de millones de dólares en producciones cuyas historias no representan mayor reto para la audiencia. Acá encontraremos una historia “modesta” económicamente, pero espectacular en las formas y el contenido, con un gran cuarteto de actuaciones.

“Ayer maravilla fui” es todo lo que la directora Luz Jaimes me decía en clase. “Chicos recuerden que el cine es tomar decisiones”; la cinta de Gabriel Mariño es un cúmulo de grandes decisiones. “Chicos, en el cine hay que entrar tarde y salir pronto”; la cinta del mexicano va al tiempo, dosificando de buena manera la historia al espectador.

Finalmente recuerdo que Luz nos decía “importa el cómo más que el qué”, y ya está, Gabriel Mariño habla de la esencia del amor de una forma extraordinaria, valiéndose de recursos narrativos inteligentes, sorpresivos y sinceros. No dejen de verla, se estrena este próximo 19 de julio en la Cineteca Nacional. Allá nos vemos, va calada y garantizada.

Arturo Alvarado
Ciudad de México

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